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Colombia, Gigante en Corrupción E Impunidad

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por: DARWIN ALONSO MOSQUERA JEREZ

El gobierno último responsable, pero la corrupción es un flagelo hecho propio por la sociedad y, sobre todo, cuando hay un sistema judicial y político corroído.

La corrupción y la falta de Estado de derecho representan el principal desafío para los Colombianos”,

El adjetivo calificativo no es gratuito. De una parte, los avances tecnológicos y educativos son limitados por la enquilozada corrupción, que atenta contra la  seguridad y “explica una parte importante de la impunidad existente asociada con un débil Estado de derecho”.

La simpleza de las frases no les quita seriedad. “Es difícil imaginar cómo va a salir Colombia de la trampa de inseguridad donde las dinámicas de crimen, violencia impunidad y corrupción carcomen los esfuerzos para encaminar el país hacia la gobernabilidad”.

Los señalamientos que se puedan deferir desde el centro del ciudadano del común, son una parte mínima, pero difícilmente falta de significado, es así como las relaciones bilaterales Colombia-Estados Unidos de Norte América, han sido el ente rector de los postulados sociopolíticos en este país.

“La relación de nuestro país con Estados Unidos ha pasado de una correlación amplia y profunda que ha servido a los intereses económicos y de seguridad nacional de ambos países a una inquietante interrogante sobre los verdaderos objetivos del gobierno de Donald Trump frente a Colombia”.

Trump es responsable de una retórica anti-latinos que siempre, ha contribuido a la impresión de que los latinos son culpables de muchos de los males que aquejan a la sociedad estadounidense desde el narcotráfico al desempleo y la “injusticia” del intercambio comercial. En ese marco, los señalamientos sobre seguridad, corrupción y Estado de derecho son particularmente importantes.

Parte por lo que eso representa en términos de cualesquier negociación comercial. Un déficit en cualquiera de esas partes coloca en desventaja a la nación que los sufre y aumenta los costos y los riesgos para los inversores.

Pero más allá, es también en términos de lo que afecta a la población que la padece.
Los escándalos sobre el espionaje contra blancos políticos pero no sobre grupos de delincuencia organizada que en algunas partes parecen suplantar al Estado; las repetidas denuncias sobre corrupción o sobre el predominio de la impunidad no hacen más que darle armas a Trump y socavar la posición que puedan asumir los diplomáticos o negociadores Colombianos en cualquier foro o convenio internacional.

Es así como al ver envilecida la soberanía colombiana, los gobiernos de turno han tenido que estar arrodillados a las exigencias que de orden internacional pueda hacer “USA”, pues incluso los sistemas normativos día a día están encaminados según las normas estadounidenses, a satisfacer las necesidades de los ciudadanos americanos y no a nuestros connacionales esto es al ciudadano colombiano.

Basta observar el panorama político, que se avecina y las innumerables denuncias que se suscitan por parte de unos  y otros; pero la pregunta es ¿Acaso el cinismo, la hipocresía, y la falta de respeto hacia el intelecto de los colombianos no acabara jamás? Como por arte de magia durante el periodo constitucional ninguno de ellos se pronuncia frente a particulares circunstancias de corrupción entre otras, pero una vez se habla de elecciones, las agresiones con verdades o no, son el dia a dia.

Este es solo el panorama internacional y nacional que se vislumbra y que groso modo decanta como por efecto dominó las directrices o líneas de gobierno de los departamentos y es aquí donde el nuestro hace su brillante aparición… mientras que unas familias luchan por regresar al “poder” otras enloquecen en él; pero el ciudadano araucano padece el insaciable dolor del desdén y la desesperanza.

Desesperanza que poco a poco se traduce en falta de credibilidad en los gobiernos y en una inconformidad inmensa que genera un desanimo por contribuir incluso a que desde los hogares se forje el cambio.